A veces el tiempo hace que todo cobre sentido. A primera vista, Alexandra de Garidel tenía un perfil profesional impecable: estudios políticos en Francia, un diploma en economía en Inglaterra y una experiencia en banca alemana, un recorrido académico en un universo completamente ajeno a la decoración. Todo cambió cuando se mudó a Ginebra en 2001 y reconectó con su verdadera pasión: los espacios, los materiales y la atmósfera.
De finanzas al diseño: la trayectoria creativa de Alexandra de Garidel
La diseñadora Alexandra de Garidel pasó de una formación en finanzas a poner su propio estudio de decoración hace veinte años.
Así fue como Alexandra comenzó a explorar este lenguaje visual en el que se desenvolvía con tanta naturalidad, y así fue como fundó su propio estudio, Avilda, un nombre tomado de una princesa escandinava convertida en guerrera. Dos décadas después, el estudio cumple veinte años con una cartera de proyectos residenciales, hoteleros y de hospitalidad que se extiende por Europa, Estados Unidos, África y Medio Oriente.

Esa tensión entre estructura y sensibilidad, una lógica heredada de las finanzas, define el enfoque de Avilda: rigor presupuestal y una sólida organización conviven con su intuición creativa cultivada desde la infancia, cuando la diseñadora creció en el sur de Francia, donde los muebles eran antigüedades y el jardín de la casa familiar de su tía había sido diseñado por André Le Nôtre, el paisajista de Versalles.

La particularidad del estudio es que ningún proyecto se parece: Avilda rechaza la estética repetible. Cada espacio se concibe como una narrativa singular; una composición de texturas, proporciones, objetos y obras de arte que responde a la persona que habita el espacio y al lugar al que pertenece. El lino, la seda, el cuero y la madera se superponen en capas; las paletas neutras dominan, y el color aparece con precisión sin romper la armonía.
Ahora la visión creativa de Alexandra se extiende a los objetos. Su primera colección, The Beauty and Our Beasts, desarrollada con el joyero romano Bernard Delettrez, reinterpreta el mundo natural en piezas de edición limitada; también tiene proyectos de mobiliario y cristalería en desarrollo. Veinte años después, la diseñadora demuestra que siempre se puede dar un giro a la carrera y triunfar haciendo lo que se ama.

